Berlin beat

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El jueves pasado mi amigo Juan Jacinto finalmente llegó a Berlin. Tuve una entrevista en radio FunkHaus a mediodía, y al atardecer pudimos encontrarnos y caminar junto al canal que atraviesa Neükoln y Kreuzberg, los barrios en que nos alojamos. Tomamos unas cervezas junto al río, nos pusimos al día y conversamos sobre el trabajo por delante. El traspié quedó atrás, no ha sido el primero ni será el último en la ruta del trovador andante.

El viernes comenzamos a grabar las bases del nuevo disco, con Juan en la batería y el bajo eléctrico en mis manos. Entramos a la sala de ensayo, estudio y laboratorio de Robert Kretzschmar, un sótano inspirador en un precioso edificio que alguna vez fue una imprenta, hoy sitio para ensayos y estudios de diversos artistas, en el barrio de Wedding. Robert microfoneó  y preparó nuestro set, y allí estuvimos con Juan durante tres dias completos grabando las 17 canciones con que este álbum ha dado comienzo. En los días que restan sumaremos algunas percusiones, las guitarras rítmicas y un vibráfono. El trabajo ha sido intenso y concentrado, así trabajamos con Juan y los resultados no dejan de sorprendernos. Él era indispensable para este proyecto, su precisión y capacidad de acción es única. La música lo agradece, yo lo celebro a cada minuto.

Los cimientos de nuestra arquitectura sonora suenan con precisión rabiosa. El Progreso del Sonido está entre nosotros, el Corazón con taquicardia. Las canciones tienen una columna vertebral misteriosa y contundente, por momentos inaudita. AntiFolk, Canción criolla, Rhythm and blues, Post punk, Clics modernos, Hip hop pampeano, vértigo cuidadano. La tinta del trovador está candente, las fronteras del mundo moderno han dejado sus huellas. Estas canciones suenan como el futuro mismo al incendiar el pasado que lo aprisiona. El poder del pulso caminante, la libertad de la vida errante. Ya vendrán la melancolía y la celebración: hoy estamos bailando la danza salvaje.