BAILA SOBRE FUEGO

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En los próximos días llegará a las disquerías BAILA SOBRE FUEGO, el disco en viaje grabado a fines del año pasado que será finalmente editado por Acqua records.

Aquí les presento su imagen de portada: un dibujo profético de Daiana Rose con tipografías encendidas por Javier Barilaro. Y las primeras cuatro canciones del disco, en el mismo sitio donde luego llegarán las otras doce que lo completan, que aquí están sonando  https://pablodacal.bandcamp.com/album/baila-sobre-fuego

Por último estas líneas de Martin Graziano, que lo acompañan y abren su primera puerta:

Las agencias de turismo ofrecen pasajes, excursiones y hoteles, pero no pueden vender viajes. El viaje, como es fama, no tiene garantías.

A mediados de 2014, Pablo Dacal se embarcó en una gira alrededor de Alemania junto a Susie Asado. Era sólo el primer tramo de un periplo cuyo punto culminante debía ser la grabación en Inglaterra de un disco que, hasta entonces, “no tenía canciones escritas ni un estilo definido”. Las cosas no sucedieron así.

El 10 de septiembre desembarcó en Heathrow y fue sometido a un interrogatorio por los oficiales de migraciones. El contratiempo devino en una pesadilla kafkiana que, fiel a los tiempos de Twitter, quedó concentrada en un envase pocket: el ingreso denegado y veinticuatro horas aciagas en una sala del aeropuerto. Sin embargo entonces, mientras masticaba la bronca del payador perseguido, Dacal encontró el octanaje para su disco. La proverbial nafta de avión.

De regreso en Berlín, reagrupó sus fuerzas con Juan Jacinto. En un sótano del barrio de Wedding grabó las bases y se permitió sorprenderse a sí mismo: “… anti-folk, canción criolla, rhythm & blues, post punk, clics modernos, hip hop pampeano, vértigo ciudadano –enumera en su diario-. La tinta del trovador está candente, las fronteras del mundo moderno han dejado sus huellas”.

Luego viajó a Francia y, antes de llegar a su última parada madrileña, se instaló en un palacio del siglo XVIII en la comuna de Croissy-sur-Seine. Allí, acompañado por Volco y el bandoneonista Pablo Gignoli, Dacal se propuso convocar al espíritu de impresionistas y patafísicos. Invocar el consejo de los atrapa-sueños. El viaje, después de todo, era el coto de caza para capturar un disco. Un acto de arrojo, pero también de oficio: el bardo confía en que, si sale con su guitarra, el mundo ofrece una recompensa.  Así se trate de una criatura tan extraña como esta: una especie de disco doble con una cola misteriosa y ligeramente eléctrica.

Ensamblado en Buenos Aires, Baila sobre fuego aparenta todos los atributos de los discos viejos: introducción y retirada, un instrumental como intermezzo, arte de tapa e incluso estas liner notes. Sin embargo, como pide la tradición iconoclasta de los dobles, no tiene foco sino un tono. Una deriva narcótica que, canción por canción, parece recorrer autopistas perdidas, calles y caminos de ripio. Cien mapas del mundo que, superpuestos sobre la mesa, forman un laberinto: su centro es la canción porteña del siglo XXI.

El Minotauro fue seducido para la causa del trovador.

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